miércoles, 25 de febrero de 2009

05- Magnificat, una respuesta al Concilio Vaticano II

Magnificat House es una institución nacida en los 60’s como resultado de las resoluciones del concilio Vaticano II promovido por el Papa Juan XXIII a quien yo denomino también “El Papa Templario” en mi libro Templo vrs. Templo.

Durante la época del Concilio, mi vida estaba muy ocupada explorando otros ambientes diferentes al “familiar” al lado de mis nuevos amigos universitarios quienes como yo, empezaban un nuevo camino propio de la juventud.

Nunca me di cuenta como comenzó ni como acabo el Concilio convocado por este Papa, mi lejanía de la Iglesia y de muchos principios adquiridos en la niñez, parecían no tener sentido en esta edad en que la razón y la inteligencia parecían superar a la imaginación.

En esos días, estaba obsesionado en leer a Marx, Camus, Sartre, Ortega y Gasset, Nietzsche, Goethe, Shiller, Herman Hess y todos esos locos geniales precursores del modernismo.

Mi generación había alcanzado la cúspide de un parte aguas y los movimientos estudiantiles se habían dado ya en Francia y estaba por florecer en otros países entre ellos México.

En los países industriales, parecía darse en forma de música y movimientos como el de La Generacion Hippie.

Estados unidos además atravesaba la guerra de Vietnam y miles de jóvenes expresaban su inconformidad a esta guerra absurda.

Pensadores socialistas, sobresalían en Estados Unidos, prediciendo la estrepitosa caída de los sistemas comunistas y capitalistas aunque solo este ultimo subsistiría gracias al avance tecnológico que marcaria una nueva era pero que al final será esta la que destruirá este sistema.

Novelas como ‘Un Mundo Feliz” de Huxgly cobraban sentido.

Jung y Adler eran mis favoritos sobre Freud.

En psicología, diseñadores del movimiento de La Gestal a través de la Banhause en Alemania, formaban la lista de mis arquitectos preferidos, todos ellos inspirados en ideas socialistas, razón por la que fueron expulsados y perseguidos por el régimen Nazi.

Sobresalían los arquitectos Walter Gropious, Mies van De Rho, que a pesar de sus ideas, fueron aceptados en Norte América en donde motivaron la Gran revolución Industrial en Arquitectura y de la industria en general a través de la estandarización.

Todos ellos formaban la escuela de avanzada en el mundo que junto con el Francés LeCorbusier estaban generando una nueva generación de arquitectos en el mundo aunque para muchos románticos de la arquitectura como yo, aun quedaba Frank L.Wright con su arquitectura orgánica.

El Racionalismo parecía haber triunfado plenamente sobre la Fe y Juan XXIII sabía que tendría que afrontar esta nueva situación.

Los libros del jesuita francés, Theilard de Chardein se publicaron después de varios años de su muerte, rompiendo obstáculos religiosos hacia nuevas teorías y descubrimientos científicos como el de la Evolución propuesto por Darwin. Esta nueva cristología fue expresada por el presidente John F. Kennedy cuando en uno de sus discursos llamo a brincar las barreras para conseguir la paz.

En china, donde la revolución juvenil había tomado los causas de una revolución cultural promovida por el régimen maoísta, Thomas Merton, un monje trapista norteamericano visto con gran desconfianza por la CIA, muere electrocutado en un “accidente” al intentar arreglar un ventilador en uno de los templos budistas en los que estaba tratando de encontrar similitudes entre la meditación de estos monjes y la oración en silencio en los que enfocaba sus ideas y cuyos libros a partir de estos hechos fueron difundidos ampliamente.

En México ‘la Revolución Estudiantil” se convirtió en guerrilla y jóvenes prometedores como Ignacio Ontiveros, estudiante de economía y miembro de la mejor sociedad de esta capital industrial como se conoce a Monterrey, fue asesinado por fuerzas del gobierno y los jesuitas a los que se culpo de la afiliación de muchos de estos jóvenes a la guerrilla, fueron expulsados de esta ciudad por su archí-conservador obispo de ese tiempo.

Supe que varios de ellos habían emigrado a varios países centroamericanos en los que habían muerto o sido asesinados.

En esos años me moví a la Escuela nacional de Arquitectura de la UNAM y pude encontrar a varios de mis compañeros que habían estado estudiando arquitectura en Monterrey y que se habían movido a la ciudad de México para continuar sus estudios en el seminario mayor de la Compañía de Jesús mientras acababan sus carreras.

Carlos, uno de ellos al que más recuerdo, hizo esfuerzos extraordinarios para invitarme a ingresar a la Compañia, invitándome a visitarlos, a estudiar en la biblioteca y a revisar algunos libros que guardaban en estantes colocados en el ultimo nivel subterráneo de esta biblioteca y al cual le llamaban el infiernito por contener la mayor parte de los libros publicados de todos esos locos geniales del modernismo mencionados anteriormente y a los cuales solo podían acceder mediante un permiso especial de su director el cual supervisaba y auxiliaba en su lectura y comprensión.

Me regalaban libros de los grandes místicos de la Iglesia como; Sta. Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, San Francisco de Asís, Sta. Catalinas de Siena, Sta. Teresa de Lisieux y muchos otros más que formaron en mi mente, el contrapeso a mis ideas socialistas y modernas.

Los obispos que apoyaban la Teología de la Liberación, empezaron a aparecer en las áreas más pobres de México; La reunión en Puebla de Obispos Latinoamericanos, da mas fuerza a este movimiento reafirmando su preferencia para los pobres.

Durante la época posterior al concilio Vaticano II, hubo grandes deserciones en seminarios y conventos.

Recuerdo que en los 90’s, visite con un amigo, el gran Centro Universitario y Abadía de una de las ordenes mas antiguas de la iglesia, los “Benedictinos” localizada en Chaoni cerca de Tulsa Oklahoma.

Recuerdo haber platicado con el Abad retirado que había renunciado a su puesto, agobiado y sintiéndose culpable de la gran deserción de seminaristas y sacerdotes así como de hermanos y hermanas consagrados que vivían en sus conventos esparcidos en el gran territorio de la provincia que gobernaba, la cual llegaba hasta California siendo su Sede en esta pequeña y apacible ciudad de Oklahoma.

Nunca he criticado los errores del Papa Juan XXIII y alabo muchos de sus aciertos pero lo cierto es que al abrir las ventanas de la Iglesia para que entrara un poco de aire fresco también entro una densa nube negra que Pablo VI llamara “El humo de Satanás”

De esta nube y otras cosas más que son parte de los signos de nuestro tiempo, hablare en forma más extensa en el blog mi libro “Templo vrs. Templo

Cuando pequeño y en especial mi abuela, me habían inspirado una vocación religiosa.

Al morir ella, yo un niño de 13 años, había murmurado a su oído abrazado a su cuerpo inerte y aun en su lecho en que había fallecido esa noche: “Abuela, yo seré sacerdote” y esas palabras sellaban en mi una promesa.

En mi mente infantil, uno de los signos del sacerdocio más ligados a mi imaginación, consistía en que el sacerdote era la única persona autorizada por la Iglesia para tocar con sus manos la Eucaristía, por lo que este acto constituía para mí, un símbolo de su unción.

Ese deseo lo fui perdiendo al crecer y aun sin entenderlo totalmente me olvide de él, fue como si Dios no me necesitara para esa misión.

Por eso cuando asistiendo a misa por primera vez en el comedor “Panes y Peces” antes de ingresar a Magnificat, me puse en línea para recibir la comunión y mi mente se resistía en aceptar como la mayoría de las personas que comulgaban, extendían sus manos para tomar la Eucaristía y un poco temeroso, yo también extendí las mías. Fue como si en aquel momento hubiera cumplido la promesa hecha a mi abuela en su lecho de muerta y sintiéndome lleno de alegría, di gracias a Dios por esta reforma hecha por el Concilio vaticano II que había pasado sin yo haberme dado cuenta de sus cambios.

El tiempo pasaba y poco a poco en mi relación con Magnificat, fui sabiendo y conociendo un poco mas de su fundadora.

Rose Mary Badami, una jovencita que había perdido a su único hermano debido a la polio y que prometía ser sacerdote, era la hija de una familia Italo-Americana que debido a la depresión se había trasladado a Texas. Ella nació en Dennison de donde se movieron a Houston.

Ella había egresado de la Universidad de Santo Tomas en el área de Trabajo Social y hoy ostenta el titulo de “Doctor Honoris Causa” en letras, que le fuera otorgado por sus meritos y así era evaluada por esa prestigiosa Universidad dirigida por religiosos de la Orden de Padres Basilianos que de esta forma mostraban su reconocimiento a esta hija predilecta que respaldan en su obra como capellanes.

La obra de Rose Mary considerada como modelo estatal y federal, se inicio en una residencia que adquirió en el sector hispano más importante de Houston; “Magnolia”

Sus primeros residentes, fueron mujeres con problemas familiares o sin recursos y con niños. Absorbida en esta misión, se entrego totalmente a ella, renunciando inclusive a una vida de matrimonio, y absorbida en esta labor, fue extendiendo su ministerio y con ello las propiedades que hoy configuran esta organización.

Su obra inspirada en organizaciones anteriores nacidas en los 30’s como el Trabajador Católico en Nueva York, y Casa Madona en Canadá, guardan relación con Magnificat, en su forma de comunidad laica, al servicio de los pobres.

Desafortunadamente, la estructura familiar que caracteriza estas comunidades, va desapareciendo poco a poco de Magnificat, reflejada en la nueva terminología adoptada por nuevos miembros de su equipo, que empiezan a ver en esta organización, una institución de vivienda transitoria mas que un hogar sustituto para sus residentes.

Actualmente, su ministerio consiste en ayuda para ancianos, hombres y mujeres, capaces de cuidar de si mismos. Enfermos con discapacidades mentales o con enfermedades crónicas, personas con enfermedades terminales o infectados por el HIV, adultos con problemas de alcoholismo o drogadicción, personas en libertad condicional y refugio de muchos en tiempo de frio o en situaciones de emergencia además del comedor que alimenta a cientos de personas por semana.

Platicando con ella, le dije una vez; Rosemary, tal vez la Iglesia que hoy considera como candidatas a la santidad a Dorothy Day y a Catherine Doherty pioneras de este ministerio en este país y Canada, la considere a usted también un día, pero para mí, es sin lugar a duda, la persona más maravillosa que he conocido en mi vida y su ejemplo ha inspirado muchas de las cosas que hoy deseo, es decir, su compasión, su búsqueda de Jesús en el pobre y desamparado y su espíritu de Robín Hood que le hace tomar empresas atrevidas en su gran deseo de servir en el pobre, en el discapacitado, en el que necesita consuelo y amor, aunque muchas veces esto le haya enfrentado con grandes problemas. Su figura me recuerda la de un árbol frondoso, con sus raíces bien plantadas en la tierra y sus ramas extendidas hacia el cielo, donde miles de pájaros buscan refugio y descanso.

Eso es Magníficat en Rosemary, la imagen del Reino de Dios en la tierra.

La comunidad cuenta con varias casas y oficinas, a saber, Anawim, Ave María, Bethany, Susanna, Emmaus, Emmanuel, Holy family, Morning Star, Opus María, Maranatha, Providence, Galeele, San Joseph, Visitation, St. Francis, Loaves and Fishes, Myriam shelter además de dos nuevas adquisiciones que están por abrir y dos proyectos pendientes por realizar, Duchesne House y Dismas House. Cuenta también con dos capillas, el parque Bernan y el parque Russel Godman además Anawim, una tienda de segunda.

Pero volviendo a mí y a mis primeros años, yo continuaba buscando a Jesús en el prójimo, sin que él, hubiese salido aun a mi encuentro.

04- Mis primeros días en Magníficat.

Ese día nos llevaron a una casa tipo plantación a la que llamaban Gamaliel o Austin House por estar localizada en la calle Austin.

Tiene un pórtico con grandes columnas a la entrada y su construcción data posiblemente de los años 30’s aunque su arquitectura nos recuerda las grandes mansiones sureñas de las grandes plantaciones. Otras casas con arquitectura similar se alzan en este lugar, un barrio distinguido de los años 30’s y 40’s de Houston sin lugar a dudas.

Nos sentaron en lo que parecía el comedor y allí nos dieron unas formas para llenarlas.

Yo escribí al contestar mi ocupación: Arquitecto y Artista.

La dama que nos había hecho la invitación para inscribirnos, se acerco a mí y leyendo mis datos me dijo: “¡Que bonita letra tienes!”

Esa noche me asignaron a una casa localizada en el Distrito de Montrose, conocido en Houston por sus restaurantes, galerías y estudios de artistas pero también por la gran comunidad gay que habita en ese lugar.

Esa casa a la que llaman Bethany o simplemente Fairview, por estar localizada en esa calle, estaba habitada por personas deshabilitadas con problemas mentales o psiquiátricos y era atendido por un matrimonio con el síndrome de Down.

Al día siguiente la casa quedo materialmente vacía ya que sus residentes fueron llevados a la casa principal que era Gamaliel en donde tenían actividades que les ayudaba a realizar pequeñas labores como atender los teléfonos, limpiar los cuartos, ayudar en el jardín y asistir a diversas actividades que a diario se realizaban en ese lugar, como platicas, bingo, clases de relajación y arte y por supuesto la misa en la capilla.

Aprovechando el hecho de estar casi solo, me dispuse a limpiar la casa cuarto por cuarto y seguí con el reacomodo de muebles y camas siguiendo un criterio más funcional que mi educación de arquitecto me permitía avizorar. Esto lo hice toda la semana y al final de ella pude escuchar a la encargada de la casa hablar por teléfono con voz asustada diciendo: “Este señor no pertenece a esta casa”.

Al día siguiente fui movido a la casa mansión en donde había llenado mi aplicación.

Las recamaras eran muy amplias aunque por supuesto los baños no estaba diseñados para servir a tanta gente.

En esos días me enviaron con el Dr. Lu que era el psiquiatra oficial y el cual tenía una pequeña oficina en otra de las casas a la que llaman Maranatha y a la cual iba periódicamente como voluntario.

Reviso mi expediente y con una sonrisa, me hizo las preguntas que posiblemente solía hacer a los que le eran enviados por primera vez. “¿Cómo te llamas?” “¿Sabes que fecha es hoy?” “¿Quien es el presidente de los Estados Unidos?” Luego me pregunto sobre algunos eventos particulares sucedidos en esas fechas.

Cuando se dio cuenta de que mi problema no era mental, me envió de regreso a la casa.

Ese día, la dama que había hablado conmigo en mi arribo, me hablo por teléfono y me pregunto acerca de que trabajo me gustaría realizar para colaborar con ellos.

“Me gustaría ayudar en la limpieza y servir en el comedor donde había sabido de esta organización”, le dije.

Así empezó mi trabajo en Magníficat.

El comedor está localizado en el área Este del centro de Houston, actualmente a dos cuadras del moderno edificio de beisbol Casa de los Astros de Houston.

El nombre oficial de este lugar es el de Panes y Peces y al cual acuden de 200 a 300 personas diariamente a comer.

El área del centro es el área preferida por esta gente para vivir. Esta cerca de los dormitorios y refugios públicos de organizaciones religiosas y los parques y puentes son sus preferidos para dormir en verano.

Ver las grandes líneas formadas por este tipo de personas, me conmociono pues nunca pensé que en un país tan rico y poderoso como los Estados Unidos, se vieran estas escenas.

Parecían caricaturas humanas, desgarbadas y sucias, sin predominancia en sus edades y en sus rostros se miraba la demencia o sus adicciones y vida sin valores.

La mayoría cargaba sus pertenencias en bolsas o sacos sin embargo, como señalé antes, no era la pobreza material o la falta de comida la que los agobiaba, sino el alcohol y las drogas los que los había llevado a ese extremo.

El amor parecía estar totalmente ausente de sus vidas y viendo aquellas líneas, mi mente empezaba a trabajar en temas para mis pinturas.

El tiempo avanzaba rápido para mí, a la semana ya era yo quien manejaba el grupo de limpieza.

Había estado realizando algunos dibujos con algunas ideas que brotaron en mi mente cuando de pronto me di cuenta que los treinta días estaban por terminar.

Busque al encargado de servicio de cocinas y alimentos que estaba por encima del cocinero y le envié el aviso a la directora solicitándole el boleto prometido.

Al día siguiente me hablo la misma dama la cual supe después que además de ser la directora, era la fundadora de esa organización y me dijo que había sabido que yo era artista y que le gustaría que me quedara algún tiempo con ellos, yo le conteste que mis planes estaban en ir a Nueva Orleans donde pensaba buscar trabajo y quedarme a vivir un tiempo para convivir con otros artistas y aprender de ellos.

Le comente que había decidido quedarme este tiempo con ellos, no porque no hubiera tenido el dinero para mi pasaje, sino porque había sentido la necesidad de ayudarles y servir de esta manera a Jesús al que tanto tiempo había ignorado. Desafortunadamente, había descompletado el costo de mi boleto en este tiempo, de otra manera ni siquiera hubiera hecho el intento de avisarle de la proximidad de mi viaje y solicitarle la ayuda prometida para obtener mi boleto.

“Tu boleto no es problema”, me contesto, “pero lo que en verdad quisiera es que te quedaras con nosotros al menos por un año”.

Respondiéndole le dije: “la única manera que me quedaría, sería como artista y para eso necesito mi estudio y materiales para trabajar”.

“Claro”, me respondió, “¿porque no visitas las casas y buscas un lugar para instalar tu estudio?”, “yo te voy a dar además una pequeña cantidad de dinero para comprar cosas que nosotros no te podemos proveer”.

“Ya vi varios lugares”, le respondí, “y me gusto el pequeño cuarto que esta en el ático”. “Parece ser un pequeño departamento con buena iluminación hacia el norte”, “tiene además un baño completo aunque actualmente está lleno de libros y otras cosas, creo que además necesita algo de pintura en las paredes”.

Me pregunto si fumaba, a lo que le conteste que no, si había estado recibiendo los cigarrillos que me daban era para intercambiarlos por otras cosas, como refrescos, dulces, etc,.

“Está bien”, me respondió, “pero ahora con el dinero que te dé, tú podrás comprar lo que te guste”. “La razón por lo que te pregunte si fumabas es porque el ático no está acondicionado para ser habitado”.

Y así fui como inicie mi vida con el título de artista residente en Magníficat.

No renuncie de inmediato a mi trabajo, por lo que mis primeros días de artista fueron trabajando en el acondicionamiento del estudio cuando salía de mi trabajo del comedor.

La tarea no fue fácil. Los que se encargaban de abrirme el ático y proveerme de herramienta y materiales, se esmeraban por hacerlo más difícil y a decir verdad, no creo que esta actitud haya cambiado con quienes ahora desempeñan esos cargos.

El tiempo no parecía contar mucho en Magníficat, todos los proyectos se llevaban a cabo con una pasmosa lentitud ocasionada por los múltiples cambios de rostros y las prioridades por otros trabajos que sucedían cada día, esto lo pude confirmar tiempo después cuando fui el encargado de mantenimiento.

Finalmente pude terminar de acondicionar mi estudio y empecé a refugiarme en él para lograr unos pequeños momentos de privacidad, pues la vida en comunidad era aun demasiado nueva para mí.

Pude terminar los dibujos que había estado ideando para realizar 2 murales en las paredes del comedor que eran propias para este proyecto.

Le presente mis dibujos a la directora y esta accedió con gusto pidiéndome una lista de los materiales que fuera a utilizar.

Después de un tiempo bastante prudencial, me abastecieron de los materiales más esenciales.

Le pedí me permitiera dejar mi trabajo en el comedor para dedicarme totalmente a éste nuevo proyecto, bueno, en Magníficat, dedicarse a un solo proyecto es casi imposible ya que siempre hay algunas otras cosas más por hacer.

No sé cuánto tiempo me llevo realizar este trabajo, pero fueron varios meses, debido más que todo a las grandes inconveniencias a las que tuve que enfrentarme, tales como el transporte a ese lugar en ciertos días, el abastecimiento de nuevos materiales y otras actividades que tuve que realizar como parte de mi vida comunitaria en esta organización que debo agregar, las disfrutaba mucho. Parte de estas actividades eran misas, clases de arte, reuniones y comidas, etc, etc.

La primera bella experiencia espiritual que tuve en magníficat sucedió cierto domingo en que trabajando en el comedor haciendo la limpieza y sirviendo mesas, nos avisaron que el sacerdote que oficiaba la misa no asistiría ese día.

No queriendo perder la misa del domingo, me dirigí a la secretaria de Casa Fátima y ella me proporciono el horario de misas de la Iglesia de Guadalupe cercana a ese lugar.

Pedí permiso al cocinero para poder asistir a la del mediodía y me advirtieron que cuando regresara, tal vez no encontraría nada que comer y que posiblemente tuviera que regresar a la casa por mis propios medios si la camioneta que recogía a el grupo que trabajaba en la cocina venia temprano además de que tampoco encontraría comida en la casa pues la hora de servir habría pasado.

Considerando todos esos riesgos, me decidí por ir a misa, sabedor de que no traía dinero en mi bolsillo para ninguno de esos gastos.

Terminada la misa, volví mis pasos al comedor para tomar el mismo camino, en el que tenía que hacer un rodeo para evitar un túnel que existe y que sirve para evitar el paso del tren por esa calle a los vehículos que transitan pero que no tenia un acceso para los peatones.

Al llegar al crucero para desviarme, una pequeña camioneta de las llamadas “station wagon o Guayin” salió del paso a desnivel en el sentido contrario al que yo me dirigía.

Al verme el conductor, freno y se orillo a la orilla de la banqueta en que yo estaba.

De ella salió una pequeña niña de 12 o 13 años de edad y enseñándome una bolsa en sus manos me dijo: “acabamos de estar en un McDonal’s pero mis hermanitas ya no quisieron esta hamburguesa con papas y refresco”. “¿Quisiera usted aceptarlas?”

Yo estaba hambriento y lo único que le respondí fue “por supuesto y ¡muchas gracias!”

Note que ella juntaba sus manos como en oración y yo dirigí mi vista al vehículo para agradecer a sus padres por aquel regalo, ellos me saludaron con sus manos y ví los rostros sonrientes de sus otras 2 hermanitas más pequeñas mirando a través de la ventanilla. Hasta mucho tiempo después, note la presencia de ángeles en ellos.

Cuando llegue al comedor, mis compañeros aun esperaban por el transporte para regresar, que ese día había llegado tarde.

Otra hermosa experiencia fue que cada vez que cada vez que yo necesitaba ropa o alguna otra cosa, siempre encontraba lo que necesitaba, al recorrer el camino a mi estudio, teniendo que pasar por el ático, que en ese tiempo, era el vestidor de magníficat y también donde ellos guardaban muchos objetos de donaciones que aun no revisaban o habían dado uso, lo que más me sorprendía era que la ropa que yo encontraba, era no solamente de mi medida sin además del color y estilo que yo había pensado y los objetos para algún propósito en particular que tenía en mente, siempre superaban las expectativas que yo esperaba al encontrarlos.

Estos pequeños milagros que diariamente se daban en mi vida, se fueron haciendo normales para mí, como si alguien me estuviera suministrando en mis necesidades.

Aun no había encontrado a Jesús, pero él, ya empezaba a manifestarse en mi vida mediante sus ángeles. que nunca reconocí hasta muchos años después escribiendo mi libro ¡Yo, Miguel!.






martes, 24 de febrero de 2009

03- Buscando a Jesús

El Evangelio de la Logias de la francmasonería (o masonería libre) es un libro en el que trato de utilizar la forma de pensar de esos grupos inspirados en gran parte en un espiritualismo gnóstico en que la figura de Jesús se minimiza al dejarlo solo como un ser humano con una misión mesiánica despojado de toda divinidad y cuya resurrección es un hecho falso y sin comprobación promovido por sus discípulos especialmente por Pablo y en que la figura de Juan el bautista (bautizador seria mejor dicho) es exaltada en su misión divina sobre la del mismo Jesús.

De igual forma, la figura de María Magdalena, representa la del discípulo-esposa en quien Jesús deposita no solo la autoridad de la Iglesia sobre la de Pedro sino además la heredad en la sangre de sus hijos.

Claro que el libro El Evangelio de las Logias continuara a pesar de la irreparable pérdida de mis archivos que contenían una gran cantidad de información para estas páginas y seguirá revelando los misterios que Marco Vicenzio, como llamo a mi personaje principal en esta novela, irá descubriendo durante su misión que el Emperador Constantino le encomendara, la cual tiene como propósito buscar a Jesús, es decir, encontrar lugares como el de su nacimiento en Belén, su sepulcro cerca del Gólgota, el Cenáculo o lugar en que se realizo la cena Pascual anterior al día de su muerte así como el pretorio donde fuera azotado y bajo el cual por tradición, se dice está enterrado el Templo de Salomón anterior al levantado por Herodes aunque se dice que éste también fue levantado sobre las ruinas del antiguo Templo en Jerusalén.

Buscar a Jesús significa también, encontrar pruebas de su existencia, mediante reliquias, documentos y objetos que den testimonio de que su presencia en la tierra fue real.

Yo también un día, angustiado por la ausencia de Jesús, ese Jesús que me dieron a conocer en mi hogar y después en el colegio y que en mis años de juventud en que el marxismo y el socialismo parecían dar respuesta a un cristianismo-humanista que brotara en la mayoría de los países tercermundistas, convirtiendo la palabra Justicia en Dios en la palabra Justicia Social hasta convertirse en Revolución, y la palabra Amor en Libertad Sexual.

Así un día, mi vida agobiada por la ausencia de ese Jesús de mi niñez, sintió la urgencia de buscarle y de esa forma, supe que él siempre había estado a mi lado pero que no era yo quien lo encontraría sino que él saldría a mi encuentro.

Durante 2 años había estado dirigiendo varios clubs latinos en el área de Houston y mi vida resbalaba cuesta abajo, un día decidí abandonar esta ciudad para dirigirme a Nueva Orleáns y poder aprender de los muchos artistas que hay en esa ciudad.

Deseaba aprender la técnica de pintura al pastel (crayón) y Tempera (acuarela opaca) que Degas utilizara durante su permanencia en este bello lugar con un sabor de provincia francesa y que los pintores han retomado y hecho el medio preferido de pintura de esta ciudad.

Con esas ideas en mi mente, me dirigí a la central de autobuses a comprar mi boleto.

Un amigo mío que vivía en la misma área, se me pego y casi rogando, me pidió que le permitiera viajar conmigo a Nueva Orleáns. Con lagrimas en los ojos me dijo, "quiero salir de este barrio, todos mis amigos son a todo dar conmigo, pero no me invitan un taco de comida pero si cerveza todo el día". "Soy un alcohólico pero quiero dejar esto".

Lo acepte como acompañante y juntos tomamos el camión para dirigirnos a la central de autobuses de Houston.

La central de autobuses es pequeña comparada con el tamaño de esta ciudad y está localizada en el área del centro de Houston.

Al llegar, nos dirigimos a la ventanilla de boletos y después de conocer el precio del pasaje, sacando dinero de mi bolsa, me dispuse a comprar el boleto pero antes, le pregunte a mi amigo por su dinero, para comprar también el de él.

Admirado de mi pregunta me contesto que no traía dinero, que él pensaba que yo se lo iba a pagar.

"Mira", le dije "traigo solo lo suficiente para mí y para pasarla los primeros días en esa ciudad antes de empezar a buscar trabajo".

Replicando me dijo, "es fin de año, quedémonos a buscar trabajo para aprovechar estas fiestas en que trabajo es lo que sobra, y con más dinero en la bolsa, podríamos hacerla mejor al llegar".

"Y ¿Dónde nos quedaríamos?" Le dije.

"No te preocupes, ¡tú sígueme!"

Y siguiéndole, me llevo al Ejército de Salvación.

Nos dieron tres noches para quedarnos, esa noche es cuando mi alma decidió buscar a Jesús con más ansia.

Una vez dentro del edificio, al ir a los dormitorios, vi su rostro entre los que formaban fila, lo busque en todo el salón para cerciorarme de su presencia, pero nunca pude verlo en ninguna de las camas. Me fui a dormir pensando que todo había sido una figuración mía pero en la mañana muy temprano, cuando salía del edificio, le ví platicando con varios de los que habían dormido en el salón. Pienso que se molesto al notar lo insistente de mi mirada, por lo que regrese al comedor para traer a mi amigo y poder mostrárselo, así al menos no pensaría que fue de nuevo mi imaginación.

Cuando salimos a la calle, de nuevo había desaparecido y el grupo que le rodeaba, se había desintegrado mezclándose con otros.

Cruzamos la calle y pensé que tal vez había entrado a la agencia de empleo a la que pensábamos inscribirnos, pero tampoco estaba ahí.

Me inscribí con mi amigo en la lista de la agencia y tomamos asiento para esperar que nos llamaran cuando alguien solicitara algunos trabajadores.

Como a los 15 minutos de estar sentado con él, le dije, “Te veo en la tarde, voy a caminar para distraer la mente.

Salí sin rumbo fijo y tome un camión para ir al centro que estaba relativamente cerca del lugar y con el cual estaba además mas familiarizado. Le pregunte al chofer que era hispano donde había una iglesia Católica y me dijo que él me mostraría donde bajar.

La iglesia estaba enclavada en un barrio hispano cercano.

Me baje del autobús y fue entonces que ví que la iglesia tenía el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe.

A su lado tenía una escuela primaria o elemental.

Entre en la iglesia después de muchos años que no había entrado a ninguna y viendo la imagen guadalupana me postre en el altar principal. Algunas lágrimas vinieron a mis ojos y de repente sentí la necesidad de confesar mis pecados.

Me dirigí a las oficinas que resultaron ser las de la escuela en la que sus alumnos estaban en clases a esas horas.

Con ansia en mis palabras le pregunte a la secretaria por un sacerdote para confesarme.

Con una voz burocrática me dijo, "Hoy no hay confesiones, necesita venir el próximo viernes antes de misa".

Un poco irritado le conteste que cuando un enfermo de gravedad acude a la sala de Urgencias del hospital, es porque espera ser atendido por un doctor con urgencia. "Hoy yo me he sentido enfermo de gravedad de no confesar mis pecados en muchísimos años y la respuesta que me Usted me ha dado, es como si me hubiera arrojado del hospital".

Me disponía a salir, cuando de una puerta lateral de la oficina, salió un sacerdote que había estado escuchando la conversación y llamándome, me dijo con una voz muy amable "Pase a mi oficina, allí podre confesarle".

No sé cuánto tiempo duro mi confesión, posiblemente una hora, quizás más, años habían pasado en que me había alejado de Dios y de la Iglesia, ni tan siquiera me había dado cuenta de los cambios y reformas llevados a cabo por el Concilio Vaticano II pero lo que más me sorprendió al final de mi confesión, fue la penitencia que el padre me impuso.

"No solo te has olvidado de Jesús sino también del prójimo, en el cual Jesús está presente y quiere ser buscado en él. Estos años que has vivido, lo has hecho en un total egoísmo y buscando solo el placer personal y tu beneficio".

"Como penitencia te voy a pedir que vayas y busques un amigo y en tres días le demuestres tu afecto".

¿Buscar a un amigo? Pero ¡si ya lo cargo conmigo!, pensé para mis adentros y acordándome de él me pregunté si éste habría conseguido trabajo, por lo que me regrese al edificio del Ejército de Salvación a esperarle.

La hora de entrar al dormitorio llegó, y él no aparecía, por lo que pregunté si habría otro lugar al que él pudiera haber ido. Alguien me señalo otro lugar en el centro, donde la admisión concluía mas tarde y yo sin pensarlo, me dirigí a ese lugar.

Estrella de la esperanza se llamaba ese lugar. Sus instalaciones contrastaban con las limpias y modernas del Ejército de Salvación.

Alineaban cerca de 300 literas (una cama arriba y otra abajo) por lo que tuve que compartir la sala con cerca de 600 personas sin asear que despedían un olor desagradable.

El olor y el ambiente del lugar no me dejaron dormir en toda la noche, por lo que me levante y estuve platicando y tomando café con el guardia de seguridad.

Al día siguiente muy de mañanita, me regrese a buscar a mi amigo.

Ya el día anterior, le había comprado cigarros y le había dado algo de dinero para el autobús y algún lonche y refresco para comer.

Después de algún tiempo de esperarlo, por fin apareció como a las 8 de la mañana. Era sábado, penúltimo día de 1984. Venia hambriento y buscando por cigarrillos, me comento que aun no le habían pagado. Le pregunte porque no había venido el viernes y me contesto que se había quedado a dormir con otros en el sitio al que fue a trabajar ya que habían terminado tarde.

"Vamos", le dije "te voy a comprar cigarrillos y te voy a invitar a almorzar, después veremos donde comemos".

Al terminar de almorzar, me contesto, "voy a regresar para cobrar mi dinero y al mediodía te voy a llevar a un lugar donde sirven una comida a todo dar”.

"Bueno, ya veremos si yo te sigo esta vez" le respondí.

Ese día me llevo a un lugar donde mi mentalidad de católico quedo confundida.

En el corredor pude ver una estatua de la virgen María (creo que era en su advocación de La Inmaculada Concepción, en sus paredes pude ver otras estatuas e imágenes de santos.

El catolicismo en que crecí, jamás se intereso en una pastoral social pues toda nuestra visión se concentraba en lo espiritual. Me resistía a que fuera un lugar católico el que estuviera otorgando este tipo de ayuda, por lo que no pude resistir la tentación y resuelto me dirigí a preguntar a la persona que estaba sentada en la oficina a la entrada.

Ahora sé, se llama Estela y tiene un corazón tan grande como su enorme cuerpo.

"Sí", me dijo, "este es un lugar católico y se llama Casa Fátima y pertenece a la Legión de María". "Nosotros no ofrecemos esta comida, lo hace otra organización católica que esta remodelando su edificio ubicado a un lado de éste, nosotros solo les facilitamos este lugar para que sirvan las comidas mientras terminan de remodelar el de ellos".

Lleno de curiosidad, me dirigí al edificio en remodelación y dentro de mí, empezaron a brotar deseos de ayudarles, lavando los platos o limpiando las mesas.

Pregunte por el encargado y me señalaron al que dirigía la cocina, me presente y le ofrecí mi ayuda, su respuesta fue cortante, "¡no necesitamos ayuda!"

Al ver mi cara de frustración, me dijo, "si vienes mañana domingo, después de misa se invita a los que quieren participar en un programa de ayuda y permanencia en las casas y te puedes enlistar".

Esa tarde mi amigo fue a cobrar su dinero y me dijo que ya tenía suficiente para comprar su pasaje.

Al día siguiente le dije que quería ir a comer al mismo lugar del día anterior. Tal como me habían dicho, después de misa, una dama hizo la invitación para aquellos que desearan quedarse un mes a prestar ayuda, ellos les darían el pasaje del autobús para ir a cualesquier parte de los Estados Unidos, si su idea era dirigirse a otra ciudad o bien podían quedarse para buscar trabajo en Houston o continuar viviendo con ellos y ayudando en las necesidades de la comunidad.

30 días, pensé yo, que poco tiempo para servir aquél al que has olvidado y que siempre ha estado a tu lado.

Al terminar de comer, mi amigo, cuyo nombre es Elías, me apuro para ir a comprar los boletos.

"Ve tú", le dije, "yo he decidido quedarme con ellos un mes".

Sorprendido de mi respuesta, se despidió de mí y desde entonces no he vuelto a saber de él.

Sentí que mi búsqueda por Jesús apenas había comenzado pero que a él correspondía cuando salir a mi encuentro.